La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha anunciado que la Comisión quiere desarrollar un nuevo Pacto por el Océano para garantizar la coherencia en todas las áreas de políticas relacionadas con el océano. Las Días del Océano de la UE fueron una buena ocasión para recabar aportes de diferentes partes interesadas en las discusiones en curso dentro y entre las instituciones a distintos niveles.
La agenda tiene los elementos necesarios, aunque al confrontarla con algunas realidades preocupantes podría parecer a primera vista solo otra lista de deseos: garantizar un océano saludable y productivo protegiendo la biodiversidad, al mismo tiempo que se impulsa la economía azul sostenible de la UE. También busca ampliar el marco de conocimiento marino de la UE para respaldar estos esfuerzos, junto con el refuerzo de la gobernanza oceánica internacional para fomentar la resiliencia y las oportunidades en las comunidades costeras. El conocimiento y la resiliencia de estas comunidades son concebidos como temas transversales.
Charlina Vitcheva, hablando tanto en nombre del Comisionado Costas Kadis como en su función de directora general de la DG MARE, enfatizó que, como resultado de las directrices políticas de la nueva Comisión, era importante recopilar opiniones, experiencias y esfuerzos de toda Europa y más allá en un amplio proceso de lluvia de ideas. Esto ayudaría a consolidar la presencia del océano en la agenda política, reconociendo la enorme escala de la economía oceánica y una inversión deseable de casi 60.000 millones de euros al año.
Según Charlina Vitcheva, el Pacto por el Océano debería establecer un compromiso con objetivos estratégicos que abarquen desde la competitividad de la economía azul en la región, la restauración de la salud del océano, la productividad y la resiliencia, hasta el fortalecimiento de la diplomacia y la gobernanza oceánica global; todo ello respaldado por un sólido marco de conocimiento marino.
El eurodiputado Christophe Clergeau, presidente del Intergrupo SEARICA en el Parlamento Europeo (PE), tomó nota de las palabras de Charlina y enfatizó la necesidad de ir más allá de discursos aspiracionales. Criticó la ausencia de líderes políticos de alto nivel en el evento, lo que generaba dudas sobre la prioridad real del tema. En lo que respecta al grupo en el PE, exigió prepararse no tanto para un Pacto por el Océano, sino para una Ley por el Océano (Ocean ACT). Identificó áreas clave para una agenda creíble y orientada a la acción:
- Aplicación efectiva de la legislación existente.
- Revisión de la Directiva Marco sobre la Estrategia Marina para reforzar el enfoque ecosistémico en todas partes.
- Esfuerzos más decididos para descarbonizar el tráfico marítimo, dado el papel clave de las empresas europeas en el sector.
- Obtener el 20 % de la energía renovable del océano.
- Protección equitativa de los trabajadores en las industrias marítimas en toda Europa.
En su breve discurso de bienvenida, Pascal Lamy, presidente de la Misión Starfish, destacó la necesidad de aprender y comunicar ampliamente sobre los recursos y ecosistemas que se encuentran bajo la superficie del agua.
En el ámbito político, su principal demanda fue lograr que todos los miembros de la Comisión Europea respalden un Pacto por el Océano con impacto real.
Cuatro sesiones de panel abordaron diversos temas a lo largo del día, aunque las presentaciones dominaron la agenda, dejando las discusiones casi exclusivamente para los descansos de networking.
El evento comenzó con la sesión “Salud, Productividad y Resiliencia del Océano”.
Monica Verbeek, directora ejecutiva de Seas At Risk, recordó el compromiso de alcanzar un 30 % de protección de los espacios oceánicos, subrayando que esto debe ser más que una mera declaración de parques marinos en el papel sin una implementación real. En la medida de lo posible, estas áreas deberían contar con una protección estricta para restaurar la salud de un océano agotado. También advirtió que esta protección no debería interpretarse como que el 70 % restante del océano pueda seguir siendo mal gestionado. En cambio, el 100 % del océano y las áreas terrestres adyacentes deberían ser restauradas para alcanzar un buen estado ambiental. Esto implicaría finalmente la implementación y el cumplimiento de la Directiva Marco sobre la Estrategia Marina, de modo que los beneficios lleguen tanto a los ecosistemas marinos como a la ciudadanía en general.
Se identificaron muchas áreas prioritarias, incluida la obtención de energía renovable del océano y la limpieza de entornos portuarios contaminados, que requieren esfuerzos concertados. El financiamiento necesario podría provenir de un Fondo para el Océano, que podría financiarse eliminando subsidios perjudiciales. Verbeek abogó apasionadamente por la prohibición de la pesca de arrastre de fondo, especialmente en las Áreas Marinas Protegidas (AMP), donde todas las actividades destructivas deberían estar prohibidas. En cambio, frenar la contaminación por plásticos y regenerar las poblaciones de peces permitiría obtener alimentos saludables y nutritivos, que no deberían recorrer medio mundo antes de llegar a nuestros platos.
Joachim Hjeri, fundador de Havhøst en Dinamarca, argumentó a favor de situar la regeneración en el centro de toda interacción con el océano. Reducir el daño de las actividades en curso mientras se persigue una lógica de beneficio a corto plazo es inaceptable y evitaría alcanzar los objetivos de restauración. Citó varios ejemplos de iniciativas de la sociedad civil en las que los ciudadanos practican, por ejemplo, acuicultura de bajo nivel trófico (en lugar de la insostenible engorda de salmón de alto nivel trófico) y otras actividades regenerativas. El desafío es, primero, reducir el uso industrial a gran escala con sus múltiples efectos negativos y, luego, ampliar y replicar las iniciativas ciudadanas exitosas para inspirar a otros a tomar medidas similares en sus contextos. Un ejemplo destacado son los jardines azules, que además de servir como incubadoras de emprendimientos locales, brindan apoyo a los pescadores artesanales. La diversificación de actividades proporciona valiosos espacios de aprendizaje con bajo riesgo, y que ayudan a identificar qué funcionaba y qué no.
Sylvain Blouet, subdirector del Área Marina Protegida de Côte Aganthoise en Francia, advirtió que involucrar a la ciudadanía en el desarrollo, monitoreo y aplicación de medidas de protección requiere tiempo. Construir la confianza necesaria para generar disposición al cambio de comportamiento es un proceso intensivo que implica interacción regular y aprendizaje colectivo. Es importante involucrar no solo a los profesionales, sino también a los usuarios recreativos del océano y a los políticos. Se recomendó el uso de mediadores para facilitar la construcción conjunta de conocimientos y medidas de gestión. Mantener la confianza y el compromiso requiere un esfuerzo continuo.
Blouet también destacó la importancia de la continuidad financiera. En su caso, un proyecto LIFE de ocho años proporcionó seguridad en la planificación y gestión. Se señaló la necesidad de una mayor participación del sector privado y se propuso la posibilidad de utilizar ecotasas locales como fuente de financiamiento. Asimismo, se sugirió considerar incentivos financieros o de otro tipo para fomentar prácticas amigables con la naturaleza.